Lo que nos espera, por Jorge Alcocer

Con lo que han dicho en campaña, es imposible descifrar las líneas rectoras del eventual gobierno de las candidatas presidenciales. Sin embargo, de sus declaraciones en debates y entrevistas es posible atisbar algo de lo que, llegado el caso, nos espera con cada una de ellas.

De Xóchitl Gálvez sus ofertas más publicitadas son de restauración. Restauraría el Seguro Popular, las escuelas de tiempo completo, las guarderías, los refugios para mujeres. En política social su oferta es más de lo mismo, pero copeteado.

Todos los programas sociales serían conservados, y habría más beneficiados al bajar la edad para la pensión de adultos mayores y al extender dádivas a mujeres, estudiantes, niños, madres solteras, mujeres que cuidan a algún pariente, etc. De cumplir tales promesas, al final de su gobierno el padrón de beneficiarios podría igualar, en número de inscritos, al de electores.

La candidata opositora promete más gasto con menos impuestos. Exentar del ISR a quienes ganan menos de 15 mil pesos al mes. Construir carreteras, caminos, puentes, presas, un aluvión de inversiones. Considera que al no gastar en las megaobras del sexenio que concluye habrá mayores recursos. Sabemos que la economía y las finanzas públicas no son su fuerte. Creo que su mejor oferta es poner un alto a la militarización y proteger la democracia. Esa puede ser la motivación que, más allá de sus falencias, la haga preferible a los ojos de quienes están comprometidos en defender y preservar la civilidad.

De ganar, su camino más seguro sería formar el primer gobierno de coalición, con mujeres y hombres capaces y honestos. Sin cuotas, ni cuates, y también sin familiares.

Claudia Sheinbaum inició campaña presentando un catálogo de 100 ofertas, en una especie de barata electoral. Pero, la definición más importante de lo que haría al iniciar su posible gobierno es su respaldo incondicional a las iniciativas de reforma constitucional que, como herencia, le impuso su tutor. Eso incluye el apoyo a la militarización y su expansión a otros ámbitos del quehacer civil.

Sin mayoría calificada en las Cámaras federales, ni López Obrador, en los 30 días que le restarán de mandato, ni Sheinbaum, en los 72 meses que tendrá por delante, podrán imponer las reformas constitucionales que pretende el primero.

Pero, de arrasar en las urnas, tendrán control absoluto del Congreso y de la inmensa mayoría de las legislaturas locales, podrían alcanzar 25 gubernaturas y además la Jefatura de Gobierno de la CDMX, y dominar en la mayoría de los municipios. Veremos y padeceremos el regreso al sistema de partido casi único, con las oposiciones reducidas a un papel testimonial y una creciente presencia e influencia militar en la vida pública.

Si arrasan, cabe prever que darían curso inmediato a las reformas para destituir a los Ministros de la Suprema Corte y a los integrantes del Consejo de la Judicatura y establecerán las bases para la elección, por voto popular, en 2025, de jueces, magistrados y ministros. También veríamos la desaparición de los organismos autónomos, con excepción del Banco de México, al que es previsible que le ajustarán mandato y facultades, para restarle autonomía y someterlo al proyecto de la 4T.

La reforma electoral, que aprobarían por sí y ante sí, dará lugar a un sistema electoral, centralizado, bajo control vertical del Gobierno y su partido, como el que existió de 1929 hasta 1990. Los consejeros y magistrados electorales serán electos por voto popular. Desaparecerán el servicio profesional electoral. Los funcionarios de casilla serán los que decida Morena. Habrá algo muy parecido a la CFE de 1988. Serán consejeros y magistrados electorales los que respalden la presidenta y su partido. Igual ocurrirá con los jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial, federal y de los estados.

Antes de la elección de 2027 desaparecerán los plurinominales. Las oposiciones tendrán en San Lázaro unas cuantas curules para sus “mejores candidatos perdedores”. No será sorpresa que en 2030 el Senado vuelva a ser monopartidista, o casi. Pero en 2025 habrá nuevos partidos, casi todos satélites de Morena. Habrá menos pluralidad y casi nula competencia.

La Guardia Nacional será parte del Ejército, y éste, con una pequeña tajada para la Marina, ocupará más espacios y tareas en la Administración Pública Federal. La militarización dejará de ser de facto para tener fachada constitucional. La Comandante Suprema de las Fuerzas Armadas dependerá de ellas, como ningún Presidente lo ha sido desde Plutarco Elías Calles.

Quienes voten por Morena no podrán llamarse después a engaño. Estarán votando por la continuidad sin cambio. No es que, en la finca de sonoro nombre, vaya a permanecer la red presidencial para platicar con su sucesora. No lo creo. Usando una metáfora informática, hace años que el chip con las instrucciones está instalado en su hardware.

Por Jorge Alcocer V. Periódico Reforma, 26 de mayo del 2024

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